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El Nahual: mezcal, arte y memoria en una tertulia con identidad

Una fotografía puede ser el comienzo de una historia; una botella, el pretexto para contarla. Así ocurrió durante la celebración del segundo aniversario de La Tertulia, donde la presentación de El Nahual, una edición especial de mezcal elaborada con agave silvestre de la variedad coyote, convocó a artistas, investigadores y amantes de la cultura en una velada dedicada a los vínculos entre la tierra, la memoria y la identidad.

El destilado, desarrollado en colaboración con Amo El Mezcal, proyecto encabezado por Rebeca Fregoso Fuentes, debe su nombre a Nahual toro, una fotografía de Guillermo Meda que forma parte de su exposición Latitud obsidiana. La imagen trascendió el espacio fotográfico para convertirse en el punto de partida de una propuesta que encontró en el mezcal otra manera de narrar el patrimonio cultural.

La presentación tuvo como eje una pregunta que acompañó las distintas intervenciones de la tarde: ¿hablamos solamente de una bebida cuando hablamos de mezcal? La respuesta se construyó entre referencias históricas, relatos, conocimientos sobre el agave y expresiones artísticas que mostraron cómo un producto puede reunir historias de comunidades, prácticas heredadas y nuevas formas de creación.

El maestro Sergio Sartiaguín Montes, investigador social y promotor cultural, condujo la conversación por el contexto histórico del mezcal y su relación con Nayarit. Entre las referencias compartidas destacó una publicación del periódico Lucifer, fechada el 1 de diciembre de 1895, que menciona la producción de vino de mezcal en Ixtlán y la abundancia de plantaciones de agave.

Este registro constituye una pista para profundizar en la historia regional de la bebida, junto con el papel de los caminos comerciales y del puerto de San Blas en los intercambios económicos del occidente mexicano. Más que cerrar una discusión, estas referencias abren nuevas preguntas sobre los lugares de producción, los saberes locales y la participación de Nayarit en una tradición cuya historia todavía ofrece temas por investigar.

La literatura también encontró su espacio. El escritor Óscar Melín leyó El coyote y el nahual, una fábula escrita especialmente para la ocasión, en la que la imaginación se sumó al simbolismo que dio origen a esta edición. La lectura aportó una perspectiva distinta a la conversación y recordó que las tradiciones no solo se preservan mediante documentos: también permanecen vivas a través de los relatos que compartimos.

Por su parte, Rebeca Fregoso Fuentes habló sobre El mezcal, la bebida de los dioses y guio una cata para acercar a los asistentes a las características del destilado. Su participación permitió explorar la bebida desde la experiencia sensorial, pero también desde el trabajo de difusión cultural que impulsa a través de Amo El Mezcal.

La música estuvo a cargo del guitarrista Francisco Rentería, quien puso el broche artístico a una jornada donde fotografía, literatura, historia y sabor compartieron escenario.

La reunión fue impulsada por Vladimir Valenzuela Barrutia, presidente de Fundación Nayarit con Visión de Futuro A. C. (Navifu), como parte de las actividades de La Tertulia, un proyecto cultural que busca generar espacios de conversación, aprendizaje y encuentro alrededor del patrimonio nayarita.

La celebración dejó sobre la mesa una reflexión que va más allá de la degustación, conocer una tradición implica también documentarla, investigar sus orígenes y distinguir entre los hechos respaldados por fuentes históricas y aquellos aspectos que aún requieren estudio. En el caso del mezcal, esta tarea cobra especial importancia para reconocer el conocimiento acumulado por las comunidades y evitar que parte de esa memoria quede fuera de la historia.

Con El Nahual, el arte se convirtió en un puente entre la imagen y el sabor, mientras que la tertulia reafirmó su apuesta por acercar la cultura a la vida cotidiana. La invitación quedó abierta para quienes no alcanzaron lugar en esta ocasión: habrá una nueva cata con más sorpresas.

Porque detrás de cada destilado hay mucho más que un proceso de elaboración. Hay una planta que crece en un territorio, manos que la transforman, historias que merecen ser contadas y una identidad cultural que se fortalece cuando se comparte.

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