Ser docente en la actualidad se ha convertido en una labor de alto riesgo jurídico y social. Lejos de limitarse a la noble tarea de enseñar, los maestros enfrentan un escenario de marcada vulnerabilidad donde una sola acusación, basada en percepciones o malentendidos, puede destruir una trayectoria profesional y poner en entredicho la integridad de cualquier profesor.
Así lo advierte el profesor Luis Guillermo Vargas Ramírez, director de la telesecundaria Margarito Ortega Vergara, ubicada en la comunidad de San Luis de Lozada, quien señala que los mentores se encuentran hoy en día expuestos a todo.
El docente explica que, ante cualquier señalamiento interpuesto por una madre o padre de familia, incluso cuando este carezca de veracidad o pruebas contundentes, el protocolo actual suele dictar la separación inmediata del maestro de su centro de trabajo, por su bien y el del alumno.
Por ello, indicó que ante esta dinámica los profesores quedan en un estado de absoluta indefensión: “Si a una madre de familia no le caemos bien o tiene algo contra nosotros, nos puede demandar. Y los hombres, por el simple hecho de serlo, somos más vulnerables ante cualquier acusación, y siendo docentes es el doble”.
Añadió que el diálogo con los estudiantes debe mantenerse bajo un estricto blindaje protector, priorizando la ayuda emocional pero suprimiendo el acercamiento físico para prevenir falsas imputaciones.
Comentó que los profesores tienen que poseer la capacidad de actuar como enfermeros, psicólogos, nutriólogos y elementos de protección civil para salvaguardar en todo momento la vida y la integridad física de los alumnos: “Tenemos que pensar primero en ellos y después en los demás, porque estamos ante una situación en la que tenemos que garantizar el bienestar de las y los alumnos, pero —repito— siempre a distancia de ellos, porque incluso en su cumpleaños tenemos prohibido felicitarlos de abrazo”.

