“Vivir con una persona que padece alcoholismo o drogadicción representa un desafío profundo que no sólo afecta a quien consume, sino de manera directa al entorno familiar”, declaró en entrevista la señora Rosina B., integrante de los grupos Al-Anon.
La entrevistada explicó que, de acuerdo con testimonios y especialistas en la materia, el núcleo familiar sufre un desgaste emocional severo que suele derivar en el distanciamiento, resentimientos acumulados y el rompimiento de los lazos en casa.
Rosina B. señaló que las conductas de un alcohólico activo suelen ser egoístas, agresivas y controladoras: “Aunque muchas veces el enfermo alcohólico manifiesta deseos de cambiar, la naturaleza progresiva y mortal de esta enfermedad provoca que se desvíe durante las recaídas, lastimando a sus seres queridos de manera inconsciente”.
Dijo además que, cuando en el hogar hay un alcohólico, la familia experimenta un sufrimiento constante al desconocer que el alcoholismo es una enfermedad tratable: “Además, la falta de información sobre cómo actuar impide que el adicto busque ayuda profesional de manera oportuna, prolongando el conflicto en el hogar”.
Por ello, Rosina B. recomendó a las familias que enfrentan esta problemática en Tepic y sus alrededores que busquen ayuda, pues dijo que existen alternativas orientadas a la recuperación mutua: “Los grupos de Al-Anon son espacios donde, a través de la literatura, además de compartir sus experiencias, los familiares de los alcohólicos logran sanar las heridas del pasado y aprenden a mantener un equilibrio emocional”.
Puntualizó que, además, en la capital del estado, Tepic, existen centros de salud e instituciones como el Consejo Estatal Contra las Adicciones (CECA) y el Centro de Salud Mental (CESAME): “Ahí les brindan información y orientación directa a las familias de los afectados, así como atención médica y psicológica a quienes la requieran”.

