
La tarde del martes 15 de septiembre, desde temprana hora, las familias comenzaron a llegar a las inmediaciones de Palacio de Gobierno.
Poco a poco, hombres, mujeres, niñas, niños y jóvenes caminaron desde la avenida Insurgentes hasta llegar frente al legendario edificio, donde esperaban presenciar uno de los momentos más importantes de la noche: el Grito de Independencia.

Antes de la ceremonia, los asistentes recorrieron los stands instalados en la zona, donde a partir de las 7:00 de la noche se ofrecieron de manera gratuita platillos tradicionales mexicanos.
Entre la gente se observaba a mujeres acompañadas de sus pequeños hijos, disfrutando de la comida que en esta ocasión ofreció la administración estatal. Fueron siete mil platillos destinados a las personas que asistieron a este tradicional festejo patriótico en la capital del estado.
Mientras la plaza comenzaba a llenarse, en las esquinas de la avenida México y Mariano Abasolo se instaló un templete donde artistas locales ofrecieron sus presentaciones.
Después de las 9:00 de la noche llegó el turno de un mariachi 100 por ciento nayarita, que comenzó a entonar canciones mexicanas. Entre ellas, El Son de la Negra, Cielito Lindo y ¿Por qué me haces llorar?, además de otros sones que, acompañados por la música del mariachi, fueron animando el ambiente y alegrando a los asistentes.

La noche avanzaba y la expectativa crecía.
Poco antes de las 11:00 de la noche, el gobernador del estado, Miguel Ángel Navarro Quintero, subió al templete acompañado de su esposa, la doctora Beatriz Estrada Martínez, así como de autoridades militares, además del presidente del Congreso del Estado, Salvador Castañeda Rangel, y del presidente del Tribunal Superior de Justicia, Román Salazar Carrillo.
Después de recibir el lábaro patrio de manos de elementos del Ejército Mexicano, Navarro Quintero se colocó frente a los miles de asistentes.

Con mirada serena y voz pausada, hizo repicar la campana de Palacio de Gobierno y evocó con solemnidad los nombres de los héroes que nos dieron patria y libertad.
La respuesta llegó de inmediato desde la plaza.
—¡Viva!
—¡Viva!
—¡Viva México!
Las voces de los asistentes se mezclaron en un solo grito mientras la celebración alcanzaba su momento principal.
Acto seguido, los juegos pirotécnicos iluminaron el cielo de Tepic, que esa noche no dejó caer lluvia.
Por unos minutos, las miradas se dirigieron hacia lo alto. Las luces de los fuegos artificiales pintaron el cielo y ofrecieron a los miles de asistentes un espectáculo que acompañó la celebración de la Independencia.
Antes de retirarse, el gobernador levantó la mano y se despidió de los asistentes. Desde la plaza, las voces de algunas personas comenzaron a corear el nombre del mandatario y de su esposa.
Pero la noche todavía no terminaba.
Cuando parecía que la plaza comenzaba a quedarse vacía, en la contraesquina de Palacio de Gobierno empezó a escucharse la música de la Banda Ráfaga, cuyos integrantes continuaron animando el ambiente con sus éxitos.
Mientras la música de banda mantenía la fiesta, los vendedores ambulantes comenzaron a ofrecer sus productos. Papitas fritas, duritos, refrescos y aguas frescas aparecieron entre las manos de quienes todavía permanecían en la zona.
La cena ofrecida por el gobierno del estado ya se había consumido en su totalidad.
A esa hora, la celebración cambiaba de ritmo. Algunas familias comenzaban a retirarse, mientras los jóvenes seguían llegando para escuchar la música de banda.
Alrededor de la medianoche, cuando nos retirábamos del lugar, también se pudo observar a decenas de hombres vestidos de civil que abordaban los camiones de la Treceava Zona Militar para incorporarse a su cuartel general.
En contraste, por la avenida México e Insurgentes continuaban llegando grupos de jóvenes, de entre 14, 15 y 18 años, para presenciar el espectáculo y escuchar la música.
La vialidad también formaba parte de la escena. Elementos de la Secretaría de Movilidad desviaban el tráfico por la calle Miñón hacia Zacatecas y P. Sánchez. Lo mismo ocurría en las esquinas de avenida México y avenida Allende.
Los camiones de Bomberos permanecían resguardando la zona, mientras que afuera del Tribunal Superior de Justicia se instalaron stands donde paramédicos de la Cruz Roja y de Protección Civil del estado permanecieron atentos ante cualquier emergencia.
En medio de la multitud, de manera discreta, elementos de la Policía Estatal cumplieron con su labor y contribuyeron a mantener el orden en la zona.
Así transcurrió la noche del 15 de septiembre en Tepic: entre familias que llegaron desde temprano, comida mexicana, música de mariachi, el tradicional Grito, luces en el cielo, vendedores ambulantes y jóvenes que prolongaron la fiesta hasta la medianoche.
Una noche en la que Palacio de Gobierno volvió a ser punto de encuentro para celebrar, a su manera, el orgullo de ser mexicanos.

