
La lluvia en la serranía de Nayarit trae humedad y arrastra consigo la posibilidad de subsistencia de cientos de familias. Los caminos de terracería, hoy convertidos en zanjas intransitables, mantienen en un aislamiento forzado a los habitantes de las zonas más altas de la entidad. Esta situación ha provocado que el descenso hacia los centros de abastecimiento sea una misión prácticamente imposible para quienes buscan el sustento diario y productos indispensables.
Cruzar senderos accidentados en jornadas que parecen eternas es la única opción cuando la salud flaquea entre los riscos. Al no existir rutas transitables para vehículos, los enfermos deben ser cargados en camillas improvisadas durante gran parte del día. “Los pacientes deben ser trasladados por caminos accidentados para recibir atención médica, recorrido que puede prolongarse hasta por 12 horas antes de llegar a una clínica donde puedan recibir los primeros auxilios”, explicó Ana Teresa Nava Montero, vicepresidenta de la asociación Cora de Corazón.
Entre las sombras del aislamiento, el peligro de los alacranes acecha constantemente a los trabajadores de los coamiles y a los más pequeños del hogar. Muchos de estos encuentros resultan fatales y, debido a la lejanía y el olvido administrativo, las muertes suelen ocurrir en el silencio de la montaña. Estas pérdidas humanas no figuran en los censos de las autoridades, pues las víctimas son sepultadas en los panteones comunitarios sin que un acta oficial registre su partida.
Nava advierte que la carencia de insumos básicos en las clínicas rurales sentencia el destino de quienes sufren una picadura en medio de la temporada de lluvias. La supervivencia de un niño o de un campesino queda sujeta a la suerte de encontrar medicamento disponible en el puesto de salud más cercano. “En muchas ocasiones, debido al aislamiento de las comunidades, la vida de los habitantes depende de que exista suero antialacrán disponible, y lamentablemente en algunos casos no lo hay”, señaló la activista.
Sólo la rehabilitación urgente de la infraestructura vial podría romper esta barrera que separa a los ciudadanos del derecho fundamental a la alimentación y la salud. Mientras las nubes sigan descargando sobre la sierra, la incomunicación continuará castigando a las comunidades más vulnerables, cuya demanda es contar con rutas dignas para evitar tragedias en el trayecto hacia la ayuda médica.

