El sonido de las trompetas y los violines encontró un eco solemne entre las flores de cempasúchil y el humo del incienso, convirtiendo el espacio público en un homenaje vivo a las figuras que forjaron la identidad comunitaria del estado.
Alumnos y personal docente de la Universidad Tecnológica de Nayarit asumieron un papel protagónico durante la jornada cultural denominada Nayarit en Altares y Catrinas, una convocatoria impulsada para salvaguardar las raíces del Día de Muertos y estrechar los vínculos intergeneracionales a través del arte popular.
Caracterizados con atuendos alusivos a calaveras decimonónicas y ataviados con trajes de gala tradicional, el contingente universitario recorrió las avenidas del Centro Histórico de Tepic hasta arribar a los andadores del parque La Loma, contagiando a su paso a decenas de familias reunidas en las aceras.
Dedicaron en esta edición el altar principal a Rosa Quirino, ilustre ejecutante originaria de la sierra nayarita que desafió los convencionalismos de su época en las primeras décadas del siglo veinte, al consagrarse como la primera mujer documentada en integrar y dirigir agrupaciones de mariachi tradicional.
Instrumentos de cuerda, fotografías de archivo y veladoras rodearon la estructura conmemorativa, reconociendo el coraje cívico y la aportación artística de una precursora que abrió veredas para las mujeres en los circuitos de la música ranchera mexicana.
Complementó esta ofrenda la exhibición de una calavera monumental esculpida e intervenida plásticamente por estudiantes de diversas licenciaturas e ingenierías, quienes integraron motivos de la cosmovisión wixárika y símbolos contemporáneos sobre la superficie de la pieza.
Permite esta clase de ejercicios que la juventud técnica y científica dialogue directamente con su patrimonio inmaterial, alejándose por un instante de los laboratorios para entender el compromiso social que entraña la preservación de la memoria histórica.
A través del trabajo colectivo y la dignificación de personajes que rompieron barreras culturales, la comunidad universitaria demostró que recordar a los antepasados trasciende la nostalgia, consolidándose como una afirmación de identidad que enriquece el presente.

