La detención de vacacionistas en las playas de Rincón de Guayabitos desató severas críticas hacia el despliegue de las autoridades locales por el huracán Simon. Pobladores y prestadores de servicios turísticos señalaron que la respuesta frente a la contingencia ambiental se caracterizó por la improvisación y el amedrentamiento, en lugar de una estrategia articulada con el debido tiempo de anticipación.
Diversos testimonios de la zona costera denunciaron que las reuniones de evaluación gubernamental se realizaron a puerta cerrada, excluyendo a hoteleros, restauranteros y comerciantes. Esta falta de comunicación directa provocó que la información no llegara a los visitantes, quienes continuaron ingresando al mar al desconocer la magnitud real del peligro.
“Qué bueno que se vaya a la playa a advertirle a la gente y a pedirle que se retire cuando hay riesgo, se agradece y es necesario. La bronca es cuando la información llega tarde, a gritos y en forma de regaño”, reprocharon los denunciantes frente al actuar de las corporaciones de seguridad en la franja de arena.
A la par del descontento social, los inconformes enfatizaron que la prevención efectiva exige coordinar a la comunidad antes de ejecutar desalojos coercitivos o arrestos. Cuestionaron que las fuerzas públicas reaccionaran de forma tardía, omitiendo el acompañamiento informativo y pedagógico que debió brindarse desde los primeros avisos meteorológicos.
Aunque los habitantes reconocen la obligación ciudadana de acatar las indicaciones de protección civil, los reclamos concuerdan en que cuidar a los destinos turísticos exige planificación integral. Proteger a la ciudadanía requiere puentes de diálogo previo donde sólo la anticipación compartida evite confrontaciones entre los agentes del orden y los visitantes.

