
Hace más de tres décadas, el pequeño Luis Guillermo corría hacia una modesta casa a desnivel para comprar caramelos. En aquel entonces y desde siempre, Lupita era la mujer amable que atendía a los hijos de los maestros del antiguo CENDI. Hoy, el profesor Luis Guillermo Vargas intenta reconciliar la imagen de aquella figura vital con la trágica noticia de su fallecimiento, ocurrido el pasado lunes cuando el agua pluvial invadió su hogar.
El docente relata que el sitio donde hoy opera el Centro de Actualización del Magisterio albergaba anteriormente una guardería para personal educativo. Cerca de ahí, una antigua fábrica de textiles marcó la memoria del barrio tras un incendio que obligó al desalojo de los infantes. “Pero también sacaron a los niños que nos encontrábamos en la guardería del CENDI que estaba donde ahora es el CAM”.
Dicha finca donde ocurrió la tragedia siempre mostró una ubicación comprometida por el relieve del terreno. El profesor recordó que la construcción se encontraba en un punto bajo que persistió sin cambios durante décadas, lo que ante las lluvias intensas se convirtió en un riesgo latente. “Yo recuerdo que había muchos niños que iban a esa casa a visitar a la señora Lupita, incluso también la visitaban mujeres y hombres adultos”, detalló Vargas, contrastando la compañía de antaño con la soledad del presente.
En aquellos años, Lupita era el punto de encuentro para quienes buscaban un refresco o una golosina después de las clases. La tía de Luis Guillermo vivía cerca de la entrada del inmueble y solía darle monedas para que acudiera con la vecina por algún encargo. Sólo el paso del tiempo parece haber borrado la huella de aquellos visitantes que, según el testimonio, solían llenar de vida el hogar que hoy permanece en silencio tras el paso del agua.
Para quienes la conocieron hace 34 años, resulta incomprensible el desenlace de una mujer que alguna vez estuvo rodeada de afectos. El profesor lamenta profundamente que el destino de Lupita se sellara en condiciones de vulnerabilidad y aparente olvido por parte de sus antiguos conocidos. “Lamento que la señora Lupita haya perdido la vida de forma trágica y en total abandono, no me explico por qué la abandonaron a su suerte y murió en soledad”, sentenció Vargas al cerrar un ciclo de recuerdos que ahora sólo habitan en la memoria de sus antiguos clientes.

